martes, 23 de diciembre de 2008

ANÁLISIS DE LA ASOCIACIÓN PRO DERECHOS HUMANOS DE ANDALUCÍA ACERCA DEL “PLAN INTEGRAL CONTRA LA TRATA DE SERES HUMANOS CON FINES DE EXPLOTACIÓN SEXUAL”, APROBADO POR EL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS EL 12 DE DICIEMBRE DE 2008.

La Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía, como entidad con experiencia en el trabajo diario junto a personas que ejercen la prostitución y preocupada por el fenómeno de la trata de seres humanos (en adelante TSH), quiere transmitir al Gobierno de España su desacuerdo con algunos aspectos fundamentales en relación con su “Plan Integral de Lucha contra la Trata de Seres Humanos con Fines de Explotación Sexual” aprobado por el Congreso de los Diputados el pasado 12 de Diciembre de 2008.

En primer lugar, debemos mostrar nuestro malestar por no haber sido convocados para participar en las consultas en que sí han participado otras entidades. APDHA estuvo presente en la Comisión Mixta de Igualdad de Oportunidades y Derechos de la Mujer en Julio de 2006. Las conclusiones que hizo públicas la Comisión no reflejaban la pluralidad de propuestas que las organizaciones aportamos, de hecho fueron muy parciales y nosotros discrepamos profundamente de ellas, pero al menos el procedimiento de consulta fue transparente y participativo. Una de las propuestas que la Comisión trasladó al Congreso de los Diputados fue precisamente un plan contra la TSH con fines de explotación sexual. Sin embargo, el procedimiento de consulta para este plan no ha sido tan extensivo, amplio ni transparente como en aquella ocasión, de hecho otras organizaciones con reconocida solvencia para tratar este tema han sido también excluidas. La pluralidad de experiencias y voces es fundamental para abordar un fenómeno tan complejo y urgente como el de la TSH y este borrador no ha contado con todos los agentes que podían aportar propuestas, basadas en la experiencia cotidiana y el conocimiento profundo los movimientos migratorios transnacionales.

Además, creemos que es necesario dotar a las medidas contra la TSH de una perspectiva centrada en los Derechos Humanos de las víctimas de TSH, ya que existe una descompensación considerable entre los puntos dedicados a la mejora de los instrumentos para las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad de Estado y los centrados en garantías hacia las víctimas, lo que hace pensar que el acento se ha puesto más en seguridad y control que en la atención a las principales protagonistas, que más que ser tratadas como víctimas lo son como testigos.

El plan se dirige sólo a la lucha contra la TSH con fines de explotación sexual, y obvia la gravedad y necesidad de tratamiento de todas las formas de TSH (para hombres y mujeres, otros sectores laborales o servidumbres). Así, habría que distinguir y tener en cuenta la distinción técnica entre:

La TSH para la explotación laboral. Ésta consistiría en captación, mediante coacción, secuestro, engaño, abuso de situación de vulnerabilidad… con la finalidad de explotación laboral en régimen de servidumbre. Dentro de este concepto podemos encontrar situaciones en la industria del sexo, como en el resto de sectores económicos. Un error que suele cometerse en este sentido es pensar que las únicas personas susceptibles de este delito son mujeres, inmigrantes y para la explotación sexual, olvidando que también hombres, transgéneros y menores -extranjeros y menores- pueden ser víctimas de THS para la explotación en el trabajo doméstico u otros sectores. La OIT aporta datos interesantes al respecto cuando aporta que cada año 2.500.000 personas son víctimas de trata con fines diferentes en el mundo: entre un 20% y un 32% tienen por finalidad la industria del sexo, aproximadamente el 42% destinada a trabajos forzosos y el resto a servidumbre, matrimonios forzados…
La TSH para la explotación sexual se delimitaría pues como captación, mediante coacción, secuestro, engaño, abuso de situación de vulnerabilidad con el solo objetivo que someter a una persona a un régimen de servidumbre sexual.
El Tráfico Ilícito de personas se referiría al “procedimiento para obtener, directa o indirectamente, un beneficio económico de la entrada ilegal de una persona en un país del que no es nacional ni residente permanente” (definición de NNUU)

Podríamos, pues, decir que las medidas del plan son parciales y se centrarían en el tratamiento de la situación segunda, lo que, en todo caso, supondría que este plan no implicará un incremento de la vigilancia ni del control hacia todas aquellas personas (mujeres, hombres y transgéneros) que trabajan en la prostitución y sus entornos cercanos (familiares, amigos, parejas, conocidos, relaciones profesionales…)

En el plan se afirma: “El conocimiento de la verdadera dimensión de la trata con fines de explotación sexual es esencial para determinar el alcance del problema al que nos enfrentamos”. Nosotros estamos completamente de acuerdo con esta afirmación, es necesario investigar para conocer. Cierto es que en el plan se distingue, por primera vez desde este gobierno, la TSH del tráfico ilícito de inmigrantes, y es un paso adelante, consecuencia de un mayor esfuerzo por la investigación y el estudio. Sin embargo, no se distinguen criterios de tratamiento de ambos fenómenos (que no pueden ser abordados de la misma manera). La confusión en este sentido debe evitarse, a fin de que no se produzcan situaciones confusas que, en la práctica, puedan acarrear presión policial indiscriminada sobre las personas inmigrantes que ejerzan la prostitución.

Por otra parte, cuando se habla de la necesidad de “sensibilizar a la sociedad sobre el problema de la trata de seres humanos con fines de explotación sexual” nos preocupa la forma en que se propone materializar este trabajo: “Realización y puesta en marcha de campañas de comunicación dirigidas a la sociedad sobre la vulneración de los derechos fundamentales de las mujeres que ejercen la prostitución y de las víctimas de trata con fines de explotación sexual”. Nos parece evidente que en este punto se asimila de manera inaceptable TSH con fines de explotación sexual a prostitución. Prostitución implica intercambio voluntario de servicios sexuales a cambio de remuneración económica entre personas adultas, mientras que las situaciones en que no existe libertad en este intercambio, o se realiza bajo coacción, se encuentran tipificadas en nuestro ordenamiento jurídico (delitos contra la libertad sexual, proxenetismo, TSH…) Lo que suele ocurrir, y ya lo vimos tras la publicación de las Conclusiones de la Comisión Mixta de Igualdad de Oportunidades y Derechos de la Mujer en Abril de 2007, es que se vincula prostitución a TSH con fines de explotación sexual sin tener en cuenta: (1) que son fenómenos radicalmente distintos y (2) que la continua vinculación entre ambos términos daña y estigmatiza a las trabajadoras del sexo, arrebatándoles a priori su capacidad de erigirse en actores sociales válidos per se. Todo ello contribuye a seguir negando u obviando el abordaje de la necesaria dotación de derechos laborales que protejan a quienes ejercen la prostitución de abusos y atropellos que urge plantear. Creemos firmemente, y a ello dedicamos nuestra labor desde el Grupo de Trabajo sobre Prostitución de la APDHA, que la dotación de derechos ayudaría a crear un sistema de protecciones que podría ayudar a acabar con la indefensión legal a que se ven sometidas estas personas y que contribuiría muy positivamente a la lucha contra las situaciones de abuso, coacción, etc. Así, como aportación, creemos que sería muy positivo hacer un trabajo de sensibilización orientado hacia el respeto y consideración social de las personas que ejercen la prostitución y desvinculando su imagen de la de “siempre víctimas”, llamando la atención sobre la necesidad de mantener una actitud de tolerancia cero hacia las situaciones de TSH con fines de explotación sexual.

Nos parece problemática la inclusión de un objetivo destinado hacia la sensibilización a empresas contra el “turismo sexual”, tal y como lo vemos en este plan. Turismo sexual es un término complejo que alude a realidades muy diferentes y que la mayoría de las veces poco tienen que ver con la TSH con fines de explotación sexual. Nos da la sensación de que la labor de sensibilización que prima en este plan está más centrada en socializar y normativizar contra la prostitución o cualquier intercambio de sexo por remuneraciones diversas, que en luchar contra la TSH y lo que ésta supone de violación de derechos humanos hacia las víctimas, sean o no trabajadoras del sexo. Quienes trabajan en el sexo, como el resto de personas, deben tener garantizada su protección contra los abusos y un plan contra la trata no puede obstaculizar ni dificultar sus medios de subsistencia en nuestro país o en destinos turísticos. Otra cosa es que se sensibilice a posibles usuarios de servicios sexuales en el extranjero (hombres o mujeres[1]) en el respeto hacia las personas que ofrecen los servicios y en el esfuerzo de preocuparse por la situación en que se encuentran.

También se habla en el plan de medidas de fortalecimiento de medios policiales para la detección temprana de víctimas potenciales (en origen), en tránsito (en fronteras) y en destino. En este sentido, es cierto que la detección temprana es muy importante y debe ser una prioridad, pero nos preocupa que las propuestas hagan mención exclusiva a medidas de fortalecimiento de los medios de control policial, especialmente cuando se habla de “reforzar los mecanismos de denuncia policial, planificando e intensificando la realización de inspecciones policiales en lugares de riesgo”. Muchas personas que ofrecen servicios sexuales, por ejemplo, en clubes, hoteles y locales de alterne, viven con el temor constante a las redadas policiales que se suelen saldar con decenas de mujeres detenidas, muchas de ellas en situación irregular en nuestro país. Debería contemplarse poner el acento en la detección de víctimas sin que medie detención previa y así evitar la ansiedad y el estrés que supone poder ser blanco de actuación policial en cualquier momento. Para detectar una víctima de trata es absolutamente necesario idear estrategias alternativas a la detención policial -que superen la mera elaboración de protocolos sanitarios y asistenciales-. De otra manera, será imposible que las posibles víctimas de trata -y el resto de trabajadoras sexuales- vean en la policía algo más que una amenaza. Si se pretende que las personas que puedan relacionarse en el mismo medio ayuden a las posibles víctimas el simple control policial indiscriminado producirá rechazo, mientras que la ayuda integral a las personas que ejercen la prostitución con el objetivo de garantizar sus derechos ofrecerá alternativas de intervención más realistas.

En el plan también se alude a mejorar la capacidad de las fuerzas y cuerpos de seguridad del estado para la investigación y la lucha contra la trata. En este punto, es importante centrar gran parte de la atención en sensibilización hacia protocolos de actuación policial respetuosa, cercana y discreta con las víctimas o presuntas víctimas de trata.

En cuanto a las medidas para Educación y Formación, nos parece que se ha olvidado contemplar a los medios de comunicación. Esto es necesario, sobre todo, para que asuman la responsabilidad que tienen en colaborar en la protección de la identidad de las víctimas.

Sobre las medidas de Asistencia y Protección a las Víctimas, nos alarma la absoluta dependencia que establece entre la puesta en marcha de todas las medidas propuestas y la denuncia previa, debe contemplarse como asunto de máxima importante el acceso a recursos y protecciones, ante una víctima de TSH detectada, independientemente de que denuncie o coopere con las autoridades. Si se condiciona la asistencia a la victima a la cooperación con las autoridades competentes en el supuesto de estancia irregular, pueden crearse situaciones de verdadera coacción en las que la víctima, en contra de su voluntad, denunciará simplemente para no correr el riesgo de ser expulsada.

Es especialmente importante plantear la expedición de permiso de residencia por causas excepcionales, que dicho se de paso, debe ir acompañado de una autorización de trabajo no dependiente de oferta o contrato de trabajo previos, para facilitar la autonomía y capacidad de decisión de la víctima. Para ello, es obvio que habrá que abordar algún tipo de modificación de la LO 8/2000 y del Reglamento en vigor, para que en todos los supuestos de concesión a las personas víctimas de trata se prevea su concesión simultánea. También creemos que en el caso de detección de una víctima de TSH con fines de explotación laboral o sexual en tránsito (aeropuertos y otras fronteras), las actuaciones deben contemplar procedimiento urgente de asilo.

Por otra parte, las medidas concretas de protección del plan son en principio adecuadas, aunque habrá que tener en cuenta que es necesario trabajar en profundidad para hacerlas efectivas, con medios económicos suficientes y compromiso en el seguimiento, de acuerdo con las decisiones y necesidades de las víctimas. Éstas deben participar y ser consultadas durante todo el proceso, para evitar que se vean inmersas en un mecanismo de protección en el que no puedan participar activamente en su control, elección y propuesta. No todas las situaciones son iguales, por ello es necesaria esta participación activa de la víctima, para poder adaptar los mecanismos a situaciones particulares, sin peligro de caer en acciones que acaben perjudicando a quien se quiere proteger.

En cuanto al periodo de reflexión previo a la denuncia, además de considerar que no puede estar limitado a 30 días, sino que debe ser ampliado y flexible según los casos concretos, creemos que es importante que sirva también para empezar a poner en práctica muchas de estas medidas de protección no dependientes de denuncia previa (asesorías, derivaciones a administraciones pertinentes, itinerarios de inserción social y laboral, expediciones de permisos de residencia y trabajo…)

También creemos que, para actualizar la coherencia internacional en esta materia, España debe ratificar el Convenio del Consejo de Europa en TSH por tratarse de la normativa más actual vigente y asumir su filosofía en los protocolos que se diseñen.

Nos oponemos a la reforma de la Ley de Enjuiciamiento Criminal en materia de prueba anticipada para incluir la mención explícita a las víctimas de trata. Consideramos fundamental protegerlas convenientemente durante la investigación e instrucción de los procedimientos policiales y judiciales, por lo que habría que realizar un especial esfuerzo en la correcta aplicación de la L.O. 19/1994 de protección a las víctimas y testigos. Y Por otro lado, aplicar convenientemente el artículo 448 de la Ley de Enjuiciamiento criminal de forma que se valore por los peritos psicólogos forenses, y de forma específica, la existencia de motivo racionalmente bastante para temer la muerte o incapacidad física o intelectual antes del juicio oral de la víctima de trata. Hay que llamar la atención además del riesgo que puede suponer convertir en prueba anticipada la declaración de cualquier posible víctima de trata, respecto de las víctimas con estancia irregular en España. En el sentido de que si no deciden voluntariamente cooperar en la investigación, la protección integral no se les ofrecerá y tras la toma de declaración se les podrá expulsar con premura del Estado en cuanto que no será necesaria su presencia en el acto del juicio oral. Por ello es imprescindible que la protección integral a las personas en situación irregular sea independiente de su intención voluntaria de cooperar con las autoridades competentes. Por otro lado, en los supuestos de prueba anticipada deben observarse las garantías propias de la prueba del juicio oral y en concreto la de la contradicción, para lo cual se debería proveer de abogado al imputado desde el mismo momento en que se le tome declaración a la posible víctima, así como hacer posible si es de oficio que sea éste el que se designe para todo el procedimiento. En este nuevo supuesto que quiere introducirse, tan diferente a los admitidos hasta el momento, debe observarse especialmente el cumplimiento de esta garantía si no se quiere correr el riego de que al final del procedimiento penal se declare la imposibilidad constitucional de aceptar la prueba como prueba cargo con su lectura en el juicio oral. Teniendo en cuenta la escasa formación de los abogados de oficio en la mayoría de los colegios de abogados donde no se exige requisito alguno formativo para el desempeño de la función defensora, y teniendo en cuenta que el Área III objetivo IV se pretende la existencia de la asistencia letrada gratuita y especializada a las víctimas de TSH, se debería aprovechar para, tras las reformas normativas correspondientes, exigir en todos las especialidades de los turnos de oficio una formación especializada a los Letrados y que se les exija una praxis de calidad introduciendo mecanismos de control de la calidad en el turno de oficio.

En lo que se refiere al punto dedicado a Medidas de Coordinación y Cooperación, creemos que es importante que el intercambio de información y datos estadísticos relativos a la TSH hagan referencia exactamente a este concepto, y no se confundan o registren conjuntamente con datos sobre tráfico ilícito –que es lo que está ocurriendo en la realidad-. De esta manera, se evitarán confusiones y uniformidad en el tratamiento de fenómenos diferentes.

Además, creemos que la cooperación con ONGs –contemplada en el plan- debe estar basada en un apoyo a la capacidad de acción de las mismas (formación, apoyo en medios técnicos y económicos, intercambio de información y acuerdos sobre procedimientos y formas de actuar sobre los casos concretos…) En definitiva, una cooperación que mejore la actuación conjunta y realmente contribuya a mejorar las estrategias de tratamiento de los casos de asistencia a víctimas de TSH con fines de explotación laboral en el sector del sexo o explotación sexual.

23 de Diciembre de 2008
Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía
[1] Recordemos que en países como Senegal el reclamo turístico-sexual de hombres que ofrecen servicios sexuales y de compañía a mujeres occidentales adineradas está empezando a ser frecuente.

viernes, 28 de septiembre de 2007

COMPARECENCIA DE APDHA EN CONGRESO DE LOS DIPUTADOS JULIO 2006

COMPARECENCIA PARA LA PONENCIA SOBRE PROSTITUCIÓN EN ESPAÑA EN LA “COMISIÓN MIXTA DE LOS DERECHOS DE LA MUJER Y DE LA IGUALDAD DE OPORTUNIDADES”

Congreso de los Diputados

Madrid, 4 de Julio de 2006


Estefanía Acién González

Coordinadora del Grupo de Trabajo sobre Prostitución

Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía


En primer lugar agradecer sinceramente en nombre de todos los miembros de mi organización la invitación a comparecer en esta Comisión Parlamentaria y la oportunidad de explicar nuestro trabajo y reflexiones en el tema de prostitución.

La APDHA es una organización de ámbito andaluz, organizada territorialmente en delegaciones y en cinco áreas y dos grupos de trabajo. Las áreas abarcan inmigración, cárceles y libertades publicas, marginación y exclusión, solidaridad internacional y educación para la paz; los grupos de trabajo (donde se desarrollan labores que implican a voluntarios de todas las áreas) responden a labores de lucha por garantizar derechos fundamentales a los menores y a las personas que trabajan en la prostitución. La perspectiva básica de trabajo, común a todas las áreas, parte de la exigencia en el cumplimiento de los contenidos de Carta Universal de los Derechos Humanos de Naciones Unidas, que siguen vulnerándose en nuestras sociedades pretendidamente democráticas.

Actualmente, la APDHA desempeña trabajo sobre prostitución en cinco provincias andaluzas: Cádiz, Córdoba, Granada, Málaga y Almería y recientemente (5 y 6 de Mayo de 2006) hemos organizado unas jornadas de debate público sobre este tema en la ciudad de Granada, a las que asistieron más de 300 personas, subtituladas “Género e inmigración. Por los Derechos”, palabras que quieren sintetizar nuestra línea de abordaje sobre este tema, basada en la necesidad de avanzar en garantizar derechos a las personas que ejercen la prostitución situándonos, desde la empatía, del lado de los sectores más vulnerables.

Nosotros llevamos ya cuatro años y medio desarrollando el “Programa de mediación social y sanitaria para mujeres en contextos de prostitución”. Nuestro inicial interés por trabajar este tema se basó en la percepción de la situación de exclusión social padecida por miles de personas que desarrollan trabajos sexuales y considerando que nuestras sociedades, desde todos los puntos de vista (humano, social, económico, etc.), se desarrollan en positivo a medida que se garantizan los derechos fundamentales de todas las personas que las componen. Desde este principio, comenzamos a investigar sobre la realidad de la industria del sexo, los principales problemas con que se enfrentan quienes están en estos contextos y los aspectos en los que nosotros les podríamos ser útiles.

Este trabajo inicial nos aportó niveles de contacto y conocimiento con dos importantes consecuencias.

Por un lado, nos ayudó a deconstruir ideas preconcebidas sobre la prostitución y sus protagonistas, haciéndonos ver que la realidad es diversa y que ningún cliché o teoría global nos ayudaría a elaborar interpretaciones. Por eso, comenzamos de cero, preguntando a las personas implicadas cuáles son sus preocupaciones, motivaciones y aspiraciones y dejando que sus respuestas guiaran nuestras líneas de intervención y reflexión.

En segundo lugar, nuestro contacto con la realidad nos ha impulsado a responder a las demandas de las mujeres, dentro de nuestras posibilidades, y realizar un continuado trabajo de intervención social, basado en la mediación, el acompañamiento y la procuración de recursos materiales y humanos para las mujeres. Por ello, nuestra tarea se concreta en:

  • Reparto sistemático y discrecional de preservativos -durante el año 2005 se han repartido más de 200.000 preservativos a más de 600 mujeres-

  • Extensión de la tarjeta sanitaria -que ya hemos realizado a más de 500 mujeres.

  • El acceso a los servicios sanitarios públicos (con la colaboración de la Consejería de Salud de la Junta de Andalucía) y que se concreta en acompañamientos de los que hemos realizado durante el año 2005 más de 700.

  • El acompañamiento directo a mujeres a las administraciones públicas según necesidades, mediación administrativa (con el apoyo del Instituto Andaluz de la Mujer) y la especial atención a mujeres inmigrantes, quienes presentan situaciones de especial riesgo de exclusión social, dando como resultado el apoyo y asesoramiento en más de 200 intervenciones.

Dado nuestro trabajo de reflexión interna, y motivados por la necesidad de hacer propuestas a la sociedad y las administraciones públicas que prevengan y palien las situaciones de mayor exclusión, centramos nuestras demandas básicas y concretas en:

  1. Garantizar que todas las personas que trabajen en la prostitución gocen de derechos laborales básicos, incluyendo a los/as inmigrantes. Para ello es necesario abordar un modo de regulación del sector del sexo que forma parte de la economía informal, es decir, el servicio sexual directo trabajadora-cliente. Muchos ámbitos de la industria del sexo están legalizados y regulados (pornografía, sex shops, etc.) mientras que el servicio directo tiene un carácter alegal en nuestro país y ello implica que las personas (la mayoría mujeres) que ofrecen estos servicios queden al margen de las garantías laborales que podrían (y deben) asegurar sus derechos más básicos. Esto, en la práctica, supone riesgo para su seguridad, condiciones deficientes de trabajo y la abocación de estas personas al desamparo legal frente a cualquier abuso, venga de donde venga (empresarios, clientes, Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, etc.). Es importante añadir algo más, regular es para garantizar derechos a todas las personas y esto implica a quienes trabajan en la calle o en locales habilitados para el servicio sexual. No se trata de mejorar la situación de unas en detrimento de otras, sino de tener en cuenta todo el abanico de posibilidades. En cuanto al complejo abordaje de la situación de las mujeres inmigrantes, que hoy suponen un altísimo porcentaje de quienes realizan estos trabajos, no por complejo debe quedar en vacío. Muchas de estas mujeres están en situación documental irregular en nuestro país, por lo que la garantía de derechos laborales quedaría condicionada a la consecución de permiso de residencia y autorización de trabajo. Por ello, el camino de la garatía en derechos debe pasar por una revisión en las cuestiones de extranjería. Muchas de las mujeres que conocemos podrían ser regularizadas por araigo, ya que más de la mitad llevan en España de dos a cuatro años y pueden probarlo (tarjetas sanitarias, empadronaientos etc.). Sin embargo, cuestiones como la exigencia de encontrar un contrato de trabajo de un año de duración -objetivo casi imposible, incluso para la población autóctona- o las dificultades para conseguir documentos fundamentales para cumplir los requisitos que se les exigen -por ejemplo, hoy por hoy, la embajada española en Nigeria se niega a sellar certificados de antecedentes penales a ciudadanos nigerianos que vivan en el extranjero- imposibilita su acceso a la ansiada documentación que les permita tener más opciones laborales. En este sentido, ya en el año 2003 solicitábamos la asunción por parte de la administración de la prostitución como medio de vida suficiente para obtener documentación y el reconocimiento de derechos sociales pasivos comunes a los trabajadores autónomos.

  2. Desvincular, tanto en el abordaje intelectual, político y jurídico, como del imaginario social, la prostitución de aspectos delictivos o penales como el proxenetismo o el tráfico de personas. La usual generalización trabajadora del sexo es igual a mujer forzada estigmatiza a todas las mujeres que realizan este trabajo, arrebatándoles, a priori y bajo una excesiva victimización, su poder de decisión, libertad y autonomía sobre sus vidas. Para abordar las complejas problemáticas que afectan a las trabajadoras del sexo, es necesario atender a la realidad en toda su diversidad. Si no lo hacemos así, adoptaremos medidas en la práctica que generalicen, hasta el punto de no ser útiles para nadie. Sobre los delitos de proxenetismo y tráfico de personas con fines de explotación sexual, ambos están tipificados y tratados adecuadamente en nuestro ordenamiento jurídico. Tenemos las herramientas para combatir los casos en que se produzcan estas situaciones. Lo que necesitamos es que este ordenamiento se cumpla, aunque no de cualquier forma. Para nosotros es de vital importancia que todas las medidas (policiales, judiciales, etc.) que se tomen en los casos de denuncia de estos delitos se desarrollen de mutuo acuerdo con la persona denunciante, con la víctima, garantizando su seguridad y ofreciéndoles alternativas que tengan en cuenta sus proyectos vitales y autonomía personal. Y, por supuesto, y sobre todo, poniendo en el centro el respeto a los derechos humanos, lo que implica aceptar que la víctima también tiene derecho a ser parte activa del proceso, a decidir sobre su propia vida, dotada como está de razón y conciencia (y me remito con esto al Art. 1 de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, de NNUU, 1945 que reconoce estas cualidades a todos los seres humanos). Además, nos parece inadmisible que siga exigiéndosele a la víctima de tráfico la denuncia y la colaboración con la policía como requisito fundamental para acceder a permisos de residencia temporales (medida contemplada en el Art. 59 de la actual Ley de Extranjería).

  3. Fomentar, desde todas las instituciones públicas, el estudio y la reflexión sobre la realidad que afecta a las personas que trabajan en prostitución. Con un compromiso colectivo real de desactivación de la carga estigmatizadora que se da en el abordaje público del debate sobre prostitución. Además, esto debe hacerse de manera previa a cualquier medida o política y contando con la participación y voz de las personas afectadas y con las organizaciones que están en contacto con esta población. En concreto, con respecto al mundo de la política en democracia, ustedes son responsables de atender la complejidad social y cuidar, por medio de la elaboración de instrumentos normativos, que todas las personas veamos garantizada nuestra libertad y seguridad, por lo que no pueden cometer el error de la generalización teórica, que tan frecuentemente está causando la adopción de medidas que acaban frustrando las expectativas de muchas mujeres y empeorando sus condiciones de trabajo. Se trata de legislar en base a la realidad, no en base a teorías.

  4. Por todo ello, también proponemos, en cuarto lugar, la necesaria negociación de los contenidos y condiciones de cualquier medida que se adopte referente a la prostitución -jurídica, laboral, administrativa, etc.- con representantes de quienes realizan trabajos sexuales y entidades que trabajan en contacto con estas realidades. Esta comisión parlamentaria es un buen ejemplo de ello, y, además de agradecer que se haya contado con nosotros y con otras entidades, esperamos que en esta mesa se hayan o se vayan a sentar representantes de las trabajadoras del sexo, que son quienes conocen realmente sus problemas y pueden opinar sobre lo que les conviene. El respeto por estas personas pasa ineludiblemente por su reconocimiento como interlocutores válidos en los entornos de toma de decisiones que les afectan.

  5. Tomar medidas preventivas y reparadoras reales que mitiguen las causas sociales que abocan a muchas personas a tomar decisiones laborales en contra de su voluntad. En este sentido, la desigualdad, la exclusión, la injusticia social, y en gran medida la división y discriminación sexual en el trabajo, limitan la capacidad de decisión de muchas mujeres, constriñendo sus opciones a trabajos vinculados a los afectos y cuidados -como el servicio doméstico, los servicios personales, gerontología, etc.-, tradicionalmente reservados a las mujeres, entre los que se encuentra la prostitución. Trabajar en estas medidas es una labor de gran envergadura y que supone poner en el primer lugar de la agenda política la lucha contra la exclusión social, el derribo de los obstáculos que impiden caminar hacia la igualdad y el respeto a los derechos humanos, otorgar mayor prioridad en la erradicación de desigualdades norte/sur, seguir avanzando en la consecución de la igualdad en derechos de hombres y mujeres... En fin, abordar seriamente todas aquellas tareas que limen, poco a poco y de una vez por todas, las causas sociales que impiden la autonomía de las personas. Y esto, en relación con el tema que hoy nos ocupa, significa lograr por una parte, que quienes ejerzan la prostitución voluntariamente cuenten con todo el respeto y garantías sociales o laborales, por otra, que nadie realice este trabajo en contra de su voluntad y por causas sociales que pueden ser evitadas con el esfuerzo de todos.

Teniendo estas propuestas como base, centramos nuestra acción en el apoyo a las mujeres que están en peor situación. No es posible hablar de sociedades justas sin solidaridad y derechos. De hecho, consideramos inadmisible la desprotección laboral y legal así como la estigmatización y presión moral que se ejerce sobre quienes ejercen la prostitución.

Creemos, también, igualmente necesario borrar del imaginario social las peligrosas generalizaciones que se realizan al marcar a todas las mujeres que ejercen la prostitución como víctimas de explotación sexual, o tráfico de personas cuando se habla de migrantes.

Vuelvo a referirme a la idea, pretendidamente extendida desde posturas teóricas abolicionistas y prohibicionistas, de que casi todas las mujeres que realizan este trabajo lo hacen de manera forzada. La realidad, que llevamos más de cuatro años analizando, desmiente este estereotipo y nos habla de una gran diversidad, de una inmensa mayoría de mujeres (independientemente de su procedencia) que han tomado decisiones sobre sus vidas y que luchan por salir adelante. Por eso, nosotros tomamos partido por acompañar su voz y sus proyectos, tratando de “echarles una mano”, evitando estereotiparlas, estigmatizarlas y criminalizar sus entornos relacionales o redes de apoyo.

Con esto no queremos decir que no existan personas que se vean abocadas a tomar la decisión de trabajar en el sector del sexo en contra de su voluntad. De hecho, repetimos que trabajar en las causas sociales que provocan estas situaciones es de suma importancia y un imperativo en nuestras sociedades democráticas. La pobreza, la exclusión, la falta de oportunidades que se sigue acentuando en las mujeres... son algunas de las causas que empujan a las personas a llevar modos de vida que no desean (pensemos en los millones de personas que sufren desempleo, discriminación, hombres y mujeres que ven truncadas sus expectativas vitales por los obstáculos que la injusticia social pone en su camino). Si estos factores afectan a mujeres autóctonas, multipliquemos el efecto para las inmigrantes, que emigran buscando un futuro mejor en nuestro país para encontrarse con una realidad muy diferente a la soñada y que les ofrece, como dijimos más arriba, muy pocas posibilidades de subsistencia. Sin embargo, y esto lo argumento con conocimiento de causa (todas las mujeres con las que trabajo día a día son inmigrantes y gran parte de ellas ansían el momento de lograr regular su situación documental en España y dejar atrás el trabajo sexual) la solución no pasaría por prohibir este trabajo o presionarlas para que lo abandonen sin garantías, sino por dotarlas de instrumentos para apoyar sus proyectos. Ya sea ofreciéndoles itinerarios de inserción reales o, al menos, solidarizándonos con su situación y preguntándoles qué quieren, cuales son sus prioridades y si encontramos que afirman que en este trabajo, al menos, ven posibilidades de salir adelante, lo menos que podemos hacer es no estigmatizarlas, no victimizarlas, sino acompañarlas y apoyarlas con planes de ayuda concretos y útiles.

¿Por qué hablo de estigmatizarlas o victimizarlas? Por que eso es justamente lo que se hace hoy día desde múltiples esferas, haciendo la ecuación mujer inmigrante prostituta es igual a mujer traficada. Deberíamos hacer una profunda reflexión sobre lo que esto quiere decir y a qué oscuras conclusiones nos lleva. Se confunde constantemente tráfico de personas con formas no-legales de acceso a territorio español. La migración es un derecho universal, cada vez más conculcado por los países desarrollados con medidas de cierre de fronteras que hacen casi imposible ejercerlo dentro de legalidad. Por eso, es evidente que, para migrar, se necesita recurrir a apoyos. La Dra. Dolores Juliano, explica cómo hay que atender a la diversidad de estos recursos posibilitan viajes a las personas migrantes, distinguiendo entre “redes de apoyo familiar”, “redes de tipo comercial” y “redes de tipo coercitivo”. Los tres grupos o categorías tienen en común la exigencia de compensación de la ayuda prestada, lo que las distingue es el grado de coerción que imponen a la persona a la hora de amortizar esa deuda y qué duda cabe de que no pueden ser interpretadas con el mismo rasero. Si pensamos a priori que todas las mujeres inmigrantes que se encuentran trabajando en el sexo son víctimas de explotación por parte de “redes de tipo coercitivo”, o simplificando mucho, mafias, estamos distorsionando la verdad, estereotipando a las mujeres y, de paso, a todo su entorno. Se hace necesario, pues, preguntar a cada mujer cuál es su realidad antes de juzgarla, ella mejor que nadie sabe cuales son los problemas que están haciendo su vida más difícil de lo que debería y en la enumeración de sus preocupaciones, la red que ha posibilitado su viaje, no suele estar en primer lugar. Todo ello no excluye que la exigencia de pagos abusivos sea una injusticia, lo es y, en muchas ocasiones, la presión por parte de redes de circulación y tráfico de personas, insta a muchas mujeres a trabajar en la prostitución para poder amortizar la deuda en menos tiempo. Pero, generalmente, la exigencia de pago no está vinculada totalmente al ejercicio de este trabajo.

Como conclusión de lo dicho, para abordar este tema, creemos necesario distinguir realidades si queremos ser fieles a la realidad. No es lo mismo estar forzada, que trabajar en el sexo no voluntariamente y, por supuesto, ambas circunstancias son distintas de la decisión totalmente libre de hacer este o cualquier trabajo.

Estar forzada significa ser obligada por otras personas a trabajar bajo coacción y sin ningún o escaso beneficio para quien trabaja. Estos casos son, desde todo punto de vista, intolerables y nuestra actitud ante ello es de tolerancia cero. Nosotros creemos que la decisión de trabajar en la prostitución no puede verse determinada unilateralmente por terceros y tampoco puede verse cruzada por dinámicas de explotación o relaciones de poder coercitivas. Para luchar contra ello, como ya dijimos en la relación de propuestas, tenemos los instrumentos normativos necesarios, pero necesitamos garantizar su aplicación y contando siempre con la opinión de la víctima y garantizando su seguridad. Nosotros, hasta el momento, no nos hemos encontrado con ningún caso que responda a esta realidad, pero si alguna mujer denuncia ante nosotros esta situación, estaremos con ella para acompañarla durante todo el proceso y para garantizar que las medidas policiales y judiciales que se adopten al respecto se ejecuten bajo el total respeto a derechos humanos.

Sin embargo, decidir ejercer la prostitución en una situación complicada de pobreza o exclusión para salir adelante, aunque no sea una opción deseada, sino tomada por necesidad, no supone coacción personal de terceros, sino verse abocada por causas sociales (que, insisto, debemos luchar para limar entre todos) a hacer algo que no se quiere hacer, pero que se considera necesario en un momento dado y preferible a otras opciones menos lucrativas. Este conjunto de realidades, que es mucho más amplio y donde podríamos incluir a casi todas las mujeres con que trabajamos en la APDHA, reiteramos la necesidad de dotarles de derechos y garantías y de eliminar factores que obligan a las personas a tomar esta decisión en contra de su voluntad, máxime cuando hablamos de una ocupación que, aunque sea un trabajo, no puede ser considerada “un trabajo cualquiera”, por las dimensiones específicas que aporta su estrecha relación con la sexualidad y las formas en que la vivimos en nuestras sociedades.

Por lo demás, no creemos que sea moralmente cuestionable la negociación económica entre adultos de intercambios sexuales y afectivos cuando no media coerción alguna. Así como se ha considerado, desde el actual gobierno de este país, legítima la decisión entre adultos de gestionar la sexualidad y convivencia entre personas del mismo sexo, no entenderíamos porqué esta misma cuestión (la gestión de la propia sexualidad) ha de abordarse de forma diferente o considerarla no-legítima si nos referimos a las relaciones consensuadas entre trabajador/a sexual y cliente.

En fin, somos de la creencia de que sólo haciéndonos cargo del mundo que nos ha tocado vivir, atendiendo a su realidad, conseguiremos el objetivo de contribuir a evitar que sigan perviviendo situaciones injustas como las que viven miles de personas trabajadoras del sexo.


miércoles, 27 de junio de 2007

NOTA DE APOYO POR PARTE DE LA ASOCIACIÓN PRO DERECHOS HUMANOS DE ANDALUCÍA A C.C.O.O. EN SU POSTURA POR LOS DERECHOS EN PROSTITUCIÓN



Desde la APDHA queremos expresar nuestro apoyo a la organización Comisiones Obreras en su opción hecha pública sobre la lucha por los derechos dentro del trabajo sexual:


  1. Apoyamos la lucha por los derechos hacia las personas que ejercen este trabajo por considerar que es inadmisible que se encuentren fuera del sistema de garantías en nuestro estado democrático. Consideramos que, aunque el trabajo sexual tenga especificidades concretas que impidan que pueda considerarse un trabajo cualquiera -por estar vinculado a la sexualidad- sí ha de ser considerado un trabajo, y, por tanto, quienes lo ejercen deben de tener acceso a derechos laborales, incluyendo a los migrantes.

  2. Manifestamos nuestra valoración muy positiva hacia el hecho de que un sindicato como C.C.O.O. asuma la lucha por los derechos para los y las trabajadoras sexuales como algo propio, centrándose en la defensa de quienes están en peor situación y alejándose de posturas estereotipadoras que señalan a todas las personas que ejercen estos trabajos como víctimas. Sean víctimas o no, lo que está claro es que deben contar con un cuerpo de medidas que garanticen su autonomía, su poder de negociación social y que coadyuven a su inclusión y normalización social.

  3. Creemos que el hecho de que C.C.O.O. haya manifestado su apoyo a las personas que ejercen la prostitución y a las reivindicaciones de derechos ciudadanos que entidades de trabajadores sexuales de todo el mundo, contribuye a la lucha contra el estigma que pesa sobre estas personas por el hecho de trabajar con el sexo. El artículo 23 de la Carta Universal de Derechos Humanos de NNUU reza: “Toda persona tiene derecho al trabajo, a la libre elección de su trabajo, a condiciones equitativas y satisfactorias de trabajo y a la protección contra el desempleo”. Por tanto, los y las trabajadoras sexuales no pueden seguir siendo estigmatizadas y excluidas del sistema de garantías en derechos laborales y ciudadanos por el hecho de haber escogido esta actividad y, el empeño por enmendar este desatino, se enmarca dentro del conjunto de luchas por los derechos humanos más básicos dentro de nuestras sociedades.

  4. También queremos manifestar nuestro apoyo ante la valentía que habéis mostrado mujeres de C.C.O.O. y la dirección del sindicato al defender a quienes ejercen la prostitución y sus derechos en detrimento de posturas ideológicas como las que manifiesta la Secretaría Federal de la Mujer del PC en su respuesta pública ante la publicación del libro “Derechos de Ciudadanía para trabajadoras y trabajadores del sexo" -por el cual os felicitamos-. Es sabido que el conflicto entre abolicionismo y el resto de posturas que no asuman esta ideología es complejo, largo y difícil. Esperemos por el bien de quienes son más vulnerables a estos desencuentros (los y las trabajadoras del sexo) que lleguemos a un mayor consenso social en el futuro. Hoy y desde la APDHA, recibid nuestra expresión de solidaridad y nuestro ánimo para que sigáis en la línea que habéis iniciado.

  5. Por último ofrecernos para todo aquello que necesitéis. Estaremos encantados y encantadas desde el grupo de trabajo sobre prostitución de la APDHA en participar con vosotros en las iniciativas que consideréis convenientes.


Sin más, se despide afectuosamente,


Estefanía Acién González

Coordinadora del Grupo de Trabajo Sobre Prostitución de la APDHA

miércoles, 18 de abril de 2007

Isabel Santamaría
La salud sexual y reproductiva
de las mujeres inmigrantes

(Página Abierta, 179, marzo de 2007)

Las mujeres inmigrantes que acuden a los centros de asistencia a la salud sexual y reproductiva se enfrentan a dificultades y trabas que en cierto modo parecían resueltas en nuestra moderna sociedad. Podríamos decir que estas nuevas mujeres están haciendo el recorrido que, en parte, las mujeres españolas hemos hecho ya a lo largo de los últimos 25 años.
Existen lugares en donde es posible y casi obligado colocar un foco dirigido hacia partes íntimas y sustanciales de quienes acuden a ellos. Esto ocurre, por ejemplo, en un centro de asesoramiento y atención en salud sexual y reproductiva. Desde un lugar así se ve la parte más reservada y personal de la vida de la gente. Y esa parte que cada cual disfruta o sufre es la materia de trabajo del personal sanitario y profesional que se ocupa de la salud y los derechos sexuales y reproductivos.
Hombres y mujeres –más mujeres que hombres– plantean en este ámbito muchos de sus problemas más íntimos y que más trascendencia llegan a tener en sus vidas. Este campo de la salud se ocupa de todo lo que se refiere a tener hijos o no tenerlos; desear tenerlos o no desearlo; parirlos o abortarlos; poder o no poder tenerlos; desear tenerlos y no lograrlo; amar y gozar o no amar ni gozar; o ser o no ser amada o amado; o no gozar; o ser desamada o desamado y maltratada o maltratado. Definitivamente, una compleja materia de “trabajo”. Esto entronca, como decíamos, con una parte sustancial de las personas, de las parejas, de las mujeres. También incumbe a los hombres, pero, por lo que podemos apreciar en esos centros asistenciales, éstos aparecen muy pocas veces. Y debería importarles para sí mismos, algo en lo que insistimos como un reclamo, aunque pueda sonar a reproche.
Y si hablamos de las mujeres, grandes han sido los cambios producidos en sus vidas en los últimos 20 o 25 años. Cambios que tienen su reflejo en esta esfera vital de la que estamos hablando. Existen pocos parecidos, en términos generales, y en la esfera íntima en particular, entre la vida de las mujeres de hace 20 años y la vida de las mujeres de ahora.
En el tema que nos ocupa se han producido cambios muy positivos, que han venido de la mano de la despenalización de los anticonceptivos, la ley de divorcio, la despenalización de la interrupción voluntaria del embarazo en algunos supuestos, la incorporación de las mujeres al mundo laboral, la autonomía conseguida, los ámbitos de libertad amplios logrados y la visibilidad y legitimación de su sexualidad.
Entre otras cosas, estos avances tienen expresión, y así se perciben, en la madurez y decisión con que las mujeres cuidan de su salud, o se preocupan de su bienestar, también en el ámbito de la salud sexual. Se perciben actitudes y modos de vida que podríamos llamar saludables, con una mayor preocupación y responsabilidad por la prevención y el cuidado de sí mismas y un deseo de mejorar su vida afectiva y sexual.
Sin embargo, siguen existiendo las dificultades de casi siempre; se podría decir que son dificultades antiguas: escasez de recursos para atender esta faceta de la vida de la gente, con la masificación y las listas de espera de los centros de atención; problemas de falta de información sobre los recursos; de equidad en el acceso a ellos; problemas de coordinación de los recursos de las distintas Administraciones; problemas, por ejemplo, en la obtención de los métodos anticonceptivos: por su precio o por la dificultad en obtener la prescripción facultativa, como es el caso de la anticoncepción de emergencia; fallos inherentes de los propios anticonceptivos; deficiente transmisión de la información por parte de los médicos y personal sanitario en su conjunto; dificultad de las usuarias para hacer un correcto cumplimiento del tratamiento, a veces complejo, a veces muy sencillo; falta de corresponsabilidad de los varones en los cuidados anticonceptivos. La lista de trabas no pararía aquí.
Es lo de siempre, las antiguas dificultades todavía no resueltas. Así que las consecuencias son antiguas también: embarazos no deseados, interrupciones del embarazo tampoco deseadas, infecciones de transmisión sexual.
A estas situaciones añadiríamos otras dificultades relacionadas con lo gravoso de la vida laboral, lo complicado que supone conciliarla con una vida familiar en paz; la doble jornada es una condena en parte debida a la falta de participación de los varones en las tareas domésticas.

La asistencia a las mujeres inmigrantes

Pero a los servicios de asistencia de estos centros acuden nuevas mujeres, diversas entre sí, provenientes de distintos lugares, algunos muy alejados del nuestro, con culturas muy diferentes a la nuestra, que piensan y sienten de otra manera, que usan palabras distintas a las nuestras para designar en castellano muchas cosas.
En este relato de casos particulares que sigue a continuación, de mujeres con las que hemos tratado, cuyos nombres son también nuevos –Eskarly, Mairenisse, Yocari–, intuimos, vemos y percibimos dificultades que ya creímos resueltas y superadas, al menos en parte, y que en la vida de estas chicas, jóvenes de menos de 26 años de edad, provenientes de Ecuador, Perú, Colombia, Marruecos, mayoritariamente, pesan como si no se hubiera producido el recorrido de nuestros últimos 20 años. Es como volver a ver carencias, apuros y vivencias dolorosas que ya no solemos ver cuando tratamos con mujeres de nuestra sociedad moderna y desarrollada.
Assia (1) es una muchacha muy joven, de unos 20 años. Quiere planificar, quiere un método de planificación. Está asustada, pues lleva tres meses con su pareja, como novios, y “como ya convive con él” no usan preservativo ni ningún otro cuidado. Dice que se fue a vivir con su novio y con los tíos de él porque querían estar más tiempo juntos. Le preguntamos que si está segura de su relación, puesto que decidió tan rápidamente la convivencia. Dice que no sabe, pero que prefiere estar con el chico para no sentirse sola. La asesora y educadora del centro de asistencia, que también es inmigrante, y que tiene una formación en este aspecto muy parecida a la nuestra, nos explica que son muy comunes los emparejamientos rápidos:
–La gente siente una gran orfandad, necesitan sentirse en familia.
–Ya, pero tan rápido, se preñará, y además seguro que los tíos y el chico necesitan una “mano femenina” en la casa –apostillamos.
–Bueno, pero es como una transacción, viene bien a las dospartes.Insistimos en la evidencia de que ella va de sirvienta.
–Ya, pero él la protege y ella es lo que más necesita ahora, junto con la anticoncepción.
Así es como resuelve Assia esta situación. Lo bueno de este caso es que la muchacha logra gestionar una cita en el centro asistencial para poder iniciar un tratamiento anticonceptivo aunque, en su medio familiar y afectivo, se da por hecho que la pareja que se ama y convive ya no tiene por qué usar protección, protección anticonceptiva. Es como si ya no corriera ningún riesgo, de modo que la consecuencia lógica, entonces, es tener hijos. Después de la visita al centro asistencial, y de iniciar el tratamiento, decidirá si se lo cuenta a su pareja.
De igual manera estaba Leydi Leticia, pero se enfadó con su novio. A partir de ahí comenzó a salir con amigas, iba al gimnasio, se lo pasaba muy bien. Trabajaba y, además, comenzó a estudiar. Estaba muy contenta. La asesora le dice:
–Ves, linda, que no necesita que nadie le diga a usted que es bonita, ya usted sabe que es bonita, y así va a estar muy contenta, estudiando para su futuro.
Luego, sin embargo, la chica vuelve con el chico y dice que se lo perdona todo, que ella sabe que estuvo con otras, pero que ahora siente que la quiere porque él desea que tengan un hijo. La asesora suele dedicar mucho tiempo alertando sobre estas maneras de mostrar amor por parte de los chicos, no porque no sea sincero el amor, sino porque raras veces estas tácticas de pareja funcionan.
Leydi Leticia tiene modos distintos de sentir, su vida es distinta a las nuestras, los “asesoramientos-sermones” y los consejos de la asesora no calan en la muchacha, no parecen conectar con sus valores y creencias, ni con la apreciación que tiene ella de sus propias necesidades. Acompañaremos a esta mujer en este recorrido, estaremos a la escucha. La asesora dice que la ha convencido para que tome los anticonceptivos. Ojalá no se descuide en el cumplimiento del tratamiento.
Ross Giovanna ya tiene una hija a sus 22 años. Dejó la lactancia y quiere tomar la píldora. Le preguntamos si por el momento el papá colabora usando el condón. Nos dice que ya no está con el papá, que ahora convive con otro muchacho. La asesora inicia su “sermón-asesor”:
–Oye, no le vayas a tener otro hijo al nuevo chico, ya tú sabes que todos quieren un hijo cuando nos aman, pero luego se les va el amor.
Es difícil saber si Ross está de acuerdo o en desacuerdo con esto. Las chicas nunca nos contradicen, no nos “devuelven” fácilmente su pensamiento, es difícil saber qué efecto tienen los “sermones”. Escuchamos nuestras propias palabras, cargadas de “nuestras razones”, preguntamos qué les sugieren los argumentos.
–No sé qué pensar –dice.
–Pues sigamos pensando –sugerimos.
Lo cierto es que tener hijos pronto es común en estas muchachas, a veces por deseo del chico y más dudosamente por deseo de la chica. Esto complica su vida, dificulta su capacidad económica, entorpece la disponibilidad para trabajar, para prosperar y para sobrevivir en general, dado el hecho de que en muchas ocasiones las muchachas se quedan solas con sus hijos sin el apoyo del padre, porque la relación no se consolida y el chico “desaparece”.
En estas situaciones las chicas sufren mucho si el padre no da el apellido al bebé. Nosotras insistimos en que no es importante el apellido. Argumentamos que es mejor que el padre no figure como tal. Lo contrario es como otorgarle derechos. En el futuro podría ser fuente de problemas muy diversos. Las “madres solteras” se sienten humilladas, se sienten “putas”. La asesora razona que hoy en día no es importante estar casada o soltera para tener hijos.
–Si a mí me dicen puta no me ofenden, yo ya sé que soy puta, me gusta lolear (2), y voy con quien quiero, nadie tiene que decirme quién soy, ni juzgar lo que hago.
Otras muchas veces ellas desean tener los hijos. Es un claro deseo, bien definido, bien verbalizado, diríamos que es un deseo muy maduro. El que estas chicas hagan proyectos tan jóvenes para tener hijos es una cuestión extraña para nosotras, y muy rara en las mujeres españolas, que aplazan su maternidad incluso hasta los 30 o 35 años, cuando no más tardíamente.
Las jóvenes ecuatorianas, peruanas, marroquíes, tienen sus hijos a temprana edad, forman sus familias con un altísimo sentido de la responsabilidad, con una altísima capacidad de trabajo. Hay que tener en cuenta que se hacen cargo de trabajos duros, como los de la limpieza de hogar o la hostelería, con jornadas largas y con horarios malos, sin festivos y con calendarios muchas veces a conveniencia del patrón o patrona.
La propia situación laboral dificulta en ocasiones el acceso a los recursos públicos sociales o sanitarios que el Estado pone a disposición de los ciudadanos. Las dificultades para el acceso a estos recursos son diversas, y, en lo que apreciamos en lo cotidiano, influye claramente la misma falta de información de las usuarias, la burocracia para acceder a ellos y, lógicamente, la propia escasez de los recursos.

Dificultades en la obtención de recursos

Pero hay otra parte en esa dificultad para la obtención de los recursos que tiene que ver con la propia disposición de los usuarios y usuarias en este caso.
Por ejemplo, cuando una mujer decide interrumpir voluntariamente su embarazo, el servicio público de salud puede atender su demanda. Esto conlleva un trámite burocrático que puede parecer razonable. Si la mujer está empadronada y dispone de la tarjeta sanitaria de la Seguridad Social, la intervención se realiza gratuitamente organizando tres citas a esa mujer.
El primer escollo es el empadronamiento. La cosa no es fácil. Hay mujeres que ni siquiera saben que deben empadronarse. En otras ocasiones la mujer dice no disponer de tiempo para hacer el trámite porque su patrón o patrona no le da permiso durante la jornada laboral. Otras veces el problema lo origina el hecho de que viven en el mismo domicilio más personas de las que legalmente pueden empadronarse en él. En otras ocasiones el problema es el miedo al control que las autoridades puedan ejercer a través del registro del padrón.
Jhony Geraldine, ante nuestro reproche por no estar empadronada, nos responde:
–Es que ni modo, no me dejan tiempo, voy sin padrón, como un fantasma, así vamos muchos.
Fantasmas sin padrón, es muy gráfico.
La falta de información podemos percibirla en personas que ya llevan un cierto tiempo en nuestro país. Damaris ni siquiera hizo el intento de obtener los papeles en el último proceso de regulación extraordinario. Dice que le asusta mucho hablar con los españoles. No comprendemos muy bien sus trabas. La asesora de nuevo “sermonea”:
–Pero mira, linda, las inmigrantes no somos tan tontas, no cruzamos el charco para hacer aquíla huevonada (3), usted pregunte si no sabe, así aprende.
Wesly perdió su cita para la interrupción del embarazo, y cuando volvimos a verla había pasado un tiempo precioso. De nuevo vemos las dificultades. Como decíamos, son precisas tres citas. En el trabajo no es fácil obtener tres días, más o menos seguidos, para ir al médico. En estos casos está claro que la chica no le va a explicar al jefe el motivo de tanta libranza. Las chicas, a menudo, no conocen su horario de trabajo a medio o incluso corto plazo, porque no hay planillas y porque estos horarios cambian diariamente en función de las necesidades del servicio, así como los días libres, que bailan continuamente en las hojas del calendario.
La asesora “sermonea” a Wesly:
–Yo le arreglé la cita y usted falló. Cumpla, no conmigo, con usted misma. Si le dieron la cita para el jueves, ¿por qué no peleó por el sábado? Usted sabía que libraba el sábado. Tiene que pelear por lo suyo.
No es raro que las muchachas se transmitan entre sí las dificultades para obtener ayuda, el mal trato, el no ser atendidas o el desprecio. Esto las agarrota, se quedan con lo negativo. Se quedan con la parte complicada del proceso, con el miedo.
La asesora nos explica que en muchos casos esta situación las conduce a prescindir del recurso. La asesora suele terminar sus sermones con un “peleen, reclamen, ustedes tiene el derecho”.
Nos planteamos que los recursos están ahí. Disponemos de servicios públicos que, aunque escasos, con problemas, con inconvenientes y trabas burocráticas, están disponibles y van a ser útiles cuando los necesitemos. Es un derecho de los ciudadanos que el Estado nos provea de los servicios sanitarios, sociales y de otro tipo, propios de una sociedad desarrollada, moderna y opulenta como la nuestra; y es un deber de ese Estado proteger a la parte de la sociedad más vulnerable. La actitud de estas muchachas de no buscar, de no reclamar, no parece responder solamente a la timidez o el miedo, sino más bien, por lo que podemos observar en nuestra particular experiencia, a que desconocen que es su derecho disponer de esos servicios públicos, ya sean sanitarios, educativos, sociales; les falta la convicción de que pueden exigir, no conocen su derecho a exigir, no se creen con legitimidad para exigir, no se reconocen como sujetos del derecho a disfrutar de la protección del Estado en el que viven. A todo esto, la asesora lo llama falta de empoderamiento. Sus sermones tendrían que terminar con un “empodérese, linda”.
Los casos más dramáticos son aquellos que en el ámbito de los servicios sociales se refieren a mujeres en riesgo de exclusión. Son situaciones infrecuentes, pero no tanto. A veces, podemos decir que estos casos “los vemos venir”.
Mirta trabaja como interna en el servicio doméstico. Se queda embarazada. La chica tarda en pedir ayuda. En el camino tropieza con algún obstáculo –burocrático, económico, emocional o afectivo– que la impide dar solución a su situación. Cuando llega a nosotras está de 34 semanas, a 6 semanas del parto. Es una situación calamitosa, pues la chica no desea estar embarazada y la realidad es que en pocos días va a tener un hijo o una hija. A partir de ahí, Mirta pierde el trabajo; pare a su hijo; después del parto pasa a una casa de acogida dependiente de los servicios sociales, donde estará 3 meses. Luego ella tiene que buscar “habitación” en algún piso compartido. Esto es bien difícil, pues nadie quiere alquilar habitaciones a chicas con bebés porque dan problemas. El Ayuntamiento le subvenciona la guardería, y ella busca de nuevo trabajo. Todo muy complicado. Mirta va de un lado a otro, le cuesta salir adelante. La asesora dice:
–Esta criatura llegó de esclava y acabó de mendiga, dependiendo de los servicios sociales para no morir de pena.
Lo de esclava en el caso de Mirta puede ser casi literal. Su madre la colocó en un avión para que trabajara en España y mandara el dinero. Se trata de una familia muy numerosa, misérrima, que ve en la emigración de una de las hijas una opción de supervivencia. Mirta vivía en la casa de los patrones como empleada de hogar, y mandaba casi todo el dinero a su familia, que adeudaba el coste del billete de avión. Trabajaba por nada. Su sueldo no era suyo.
En muchos casos, sin embargo, las chicas que atendemos nos cuentan su aventura, su viaje, su salida del país de origen. Intuimos su fuerza, su valentía, su firme decisión de buscar una vida mejor. Muchas mujeres construyen aquí, en nuestro país, su futuro. Hacen un recorrido muy difícil, con grandes trabas, pero que sortean con más o menos habilidades; es un recorrido muy arriesgado, pero que ellas culminan. Las chicas que atendemos son muy jóvenes, salen de sus pueblos, toman un avión, aterrizan en un país extraño para ellas. A veces tienen apoyos, otras veces no. Trabajan duramente, en trabajos poco cualificados, ingratos. Forman sus familias, tienen hijos.
Nuestros prejuicios e ideas preconcebidas nos dificultan entender sus valores, comprender su modo de pensarse y verse a sí mismas. Eso exige de nosotros estar a la escucha para comprender lo que piensan, lo que sienten, lo que son.
Sus vidas son duras y difíciles, y las experiencias que van viviendo les ayudan a madurar, a producir cambios. Aprenden sobre la marcha cosas nuevas. El ir resolviendo problemas, las conversaciones que mantenemos, los asesoramientos-sermones, les van dotando de herramientas para pelear en este mundo complejo. Quizás podamos decir que lo que hablamos les facilita sentir la legitimidad de su presencia. Alguien que dispone de poco, da mucho valor a aquello que va obteniendo. Así, sus pequeños logros les hacen sentirse con más dignidad.
De nuevo nos parece estar viendo un viejo proceso, un viejo camino para estas mujeres, parecido al ya recorrido por otras mujeres desde hace años en nuestro país, en el que todo ha de ser ganancia para ellas y sus familias. Ganancia y mejora en sus relaciones afectivas, familiares, en su presencia social, en lo laboral, en lo personal, en lo íntimo.
Hakima, musulmana magrebí, acudió a la consulta la otra tarde, no para hablar de riesgo de embarazo o enfermedades de transmisión sexual, sino para hablar del placer y el goce en las relaciones sexuales. Nos hizo sentir muy contentas, por su inquietud, su curiosidad, su ánimo vital, por la visión que de sí misma tenía como ser digno.
Hakima deseaba disfrutar de un mundo al que había llegado no hacía mucho tiempo, que ella intuía lleno de posibilidades para lograr una vida mejor.
________________________
(1) Los relatos son reales, pero los nombres de sus protagonistas son ficticios.
(2) Lolear, en el modo de hablar de las mujeres de Colombia, significa pasear por las calles como diversión, mirando a la gente o los escaparates, sin rumbo fijo.
(3) Estupidez.
Hetaira
Comunicado
(Madrid, 20 de febrero de 2007)

Ante las conclusiones a las que ha llegado la Comisión Mixta de los Derechos de la Mujer del Congreso de los Diputados en relación con la prostitución, el colectivo Hetaira (Colectivo en Defensa de los Derechos de las Prostitutas) quiere manifestar:

Que lamentamos profundamente dichas conclusiones ya que dejan totalmente desprotegidas a las mujeres que ejercen la prostitución y reafirman la vulneración de derechos a las que hoy están sometidas.
Que, tal y como lo hemos manifestado reiteradamente las Asociaciones que tenemos conocimiento directo del tema, la lucha eficaz contra la trata de mujeres con fines del comercio sexual solo es posible si se diferencia claramente la prostitución voluntaria, que debe ser reconocida legalmente, de la prostitución forzada que debe ser perseguida. Así lo reconoce también el Informe de la Unidad Técnica de Policía Judicial de la Guardia Civil elaborado en 2004.
Que las conclusiones a las que ha llegado la Comisión están altamente prejuiciadas e ideologizadas y no tienen en cuenta la realidad concreta de las personas trabajadoras del sexo. Se ha derrochado el dinero público y el tiempo de todas las personas que han pasado por la Comisión para intentar justificar unas conclusiones que estaban tomadas antes de que la Comisión empezara sus trabajos: así lo demuestran las declaraciones de los miembros del PSOE y del PP cuando se constituyó la Comisión que coinciden al cien por cien con lo que ha sido aprobado.
Nos asombra la tergiversación que se hace de los artículos 9 y 14 de la Constitución para negar la consideración de la prostitución como un trabajo, cuando esos mismos artículos sirven para recomendar justamente lo contrario: la necesidad de que se acabe con la discriminación que sufre este sector de trabajadoras por el hecho de ofrecer servicios de carácter sexual. La ideología discriminatoria que juzga a las mujeres en función de su comportamiento sexual sigue presente en las conclusiones de la Comisión.
Nos preocupa especialmente que un sector del feminismo en nombre de la dignidad de las mujeres en abstracto niegue la dignidad de las mujeres que quieren seguir ejerciendo voluntariamente la prostitución, invisibilizándoles y desconsiderando sus derechos como trabajadoras. En este sentido no está de más recordar que en este país hemos tenido una legislación abolicionista bajo el franquismo y que la Ley que se promulgó en 1956 para erradicar la prostitución aludía en su preámbulo a la dignidad de las mujeres.
Desde Hetaira esperamos que el sentido común prevalezca y reiteramos nuestra voluntad de seguir luchando por que se garanticen los derechos de todas las personas que ejercen la prostitución. En este camino nos parece fundamental el reconocimiento de la prostitución como un trabajo que también es ejercido de manera voluntaria y el consecuente reconocimiento de derechos que se derivan de ello.
Grupo de Estudios de Política Criminal
Manifiesto sobre prostitución

El Grupo de Estudios de Política Criminal constituído desde 1989 por unos doscientos penalistas -profesores de universidad, jueces y fiscales- se manifestó el mes de noviembre pasado a favor de la regulación del ejercicio voluntario de la prostitución entre adultos.
Siguiendo las indicaciones de la OIT, que reconoce la prostitución como una actividad económica que deber ser reconocida y regulada en beneficio de quienes la ejercen y, tomando como apoyo una contundente doctrina de la jurisprudencia de nuestros tribunales que repalda esa recomendación internacional de apoyo a los derechos de las/los trabajadoras/es del sexo, este grupo acordó manifestar lo siguiente:
1. Es una realidad constatada en nuestro país que miles de adultos voluntariamente prestan servicios sexuales remunerados. Es preciso que las autoridades no desprecien este hecho, para cuya comprobación ha de propiciarse un método de conocimiento razonable huyendo de las aproximaciones morales, que ni siquiera son hoy en día socialmente mayoritarias y que intentan simplificar un fenómeno complejo y diverso. Tampoco puede desconocerse que, aún siendo dichas personas mayoritariamente mujeres, hay muchos hombres y transgéneros que se dedican a la prestación de servicios de carácter sexual. El debate, por tanto, no puede ser monopolizado por un discurso en clave de género.
2. La represión de todas las actividades relacionadas con la prostitución ha arrojado un balance histórico que sólo puede ser calificado de lamentable pues, en lugar de erradicar el fenómeno –como pretendía–, lo ha ocultado provocando una serie de efectos perniciosos tales como la estigmatización, el aislamiento y la indefensión de las personas que la ejercen a las que se sitúa en condiciones de máxima vulnerabilidad.
3. A nadie se oculta la hipocresía que supone poner trabas a la regulación de la prestación voluntaria de servicios sexuales y permitir a cambio que la oferta de esos mismos servicios genere cuantiosos ingresos por publicidad a los medios de comunicación que la anuncian, fomentando al mismo tiempo una actividad económica sumergida y descontrolada que perjudica a todos.
4. Por otra parte, debe reconocerse que la situación de alegalidad en que se encuentran quienes ejercen la prostitución en condiciones de no reconocimiento favorece su explotación por parte de empresarios que no se creen obligados a respetar sus derechos sociales y laborales básicos, despojándolos de cualquier clase de responsabilidad legal. Es sabido, además, que la persecución del entorno de la prostitución libremente ejercida y de quienes se lucran con ella, perjudica la necesaria transparencia de ese mercado favoreciendo la proliferación de organizaciones delictivas dedicadas a la trata de personas, en la medida en que fomenta el carácter clandestino de estas actividades y desmotiva la denuncia de la víctima. Ello sin perjuicio de nuestro convencimiento de la necesidad de luchar, de manera decidida y eficaz, cualquier forma de actividad sexual forzada.
A la vista de las recientes conclusiones expresadas por la Comisión Mixta de los Derechos de la Mujer del Congreso de los Diputados, este Grupo no puede más que mostrar su repulsa ante la posición de quienes, desde la posición de un Estado que se autocalifica de social, acuerdan negar la ciudadanía laboral a las personas que ejercen la prostitución impidiendo el reconocimiento de su existencia como sujetos de derechos. El reconocimiento de la dignidad humana como valor supremo recogido en nuestra Constitución exige el respeto a la voluntad de quien, siendo mayor de edad, decide prestar servicios remunerados de carácter sexual. Negar de plano la posibilidad de que esa opción sea válida constituye un tratamiento paternalista de la mujer (y del hombre) como personas incapaces de tomar decisiones adultas. Supone relegarles, sin legitimidad alguna, a la condición de infrasujetos. Esta es una responsabilidad muy grave que una política criminal democrática no debería asumir.

martes, 17 de abril de 2007



NOTA DE PRENSA DE LA ASOCIACIÓN PRO DERECHOS HUMANOS DE ANDALUCÍA SOBRE LAS CONCLUSIONES DE LA COMISIÓN MIXTA DE DERECHOS DE LA MUJER DEL CONGRESO DE LOS DIPUTADOS


La Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía, como miembro de la Plataforma por los Derechos en el Trabajo Sexual, quiere hacerles llegar el comunicado emitido por ésta en el 17 de Abril de 2007 como reacción a las conclusiones hechas públicas oficialmente por la Comisión de Derechos de la Mujer del Congreso de los Diputados, en las que se recomienda no regularizar la prostitución por no considerarla un trabajo.


El comunicado reza como sigue:


Ante las conclusiones a las que ha llegado la Comisión Mixta de los Derechos de la Mujer del Congreso de los Diputados en relación al tema de la prostitución la Plataforma por los Derechos en el Trabajo Sexual1 quiere manifestar:


  1. Que lamentamos profundamente dichas conclusiones ya que dejan totalmente desprotegidas a las mujeres que ejercen la prostitución y reafirman la vulneración de derechos a las que hoy están sometidas.

  1. Que los trabajos que ha desarrollado esta Comisión así como las conclusiones a las que ha llegado no son en absoluto objetivas ni rigurosas sino que adoptan un punto de vista sesgado y cargado de prejuicios morales que no tiene en cuenta la realidad concreta de las personas trabajadoras del sexo. Así, aunque en dichas conclusiones se reconoce que no existen estudios fiables sobre la realidad de la prostitución todas las medidas que se proponen parten del prejuicio de que sólo una mínima parte de la prostitución se desarrolla de manera voluntaria, concluyendo que “no tiene sentido diferenciar la prostitución coaccionada de la voluntaria”.


  1. Que, tanto en los trabajos de dicha Comisión como en las conclusiones finales se equipara constantemente la prostitución voluntaria con la trata de de mujeres con fines de explotación sexual. Esta equiparación adolece del mínimo rigor científico y práctico y tiene como consecuencia la invisibilización de todas aquellas personas que ejercen la prostitución de manera voluntaria y que deberían haber sido contempladas también como sujetos de derecho desde el punto de vista legislativo.



  1. Nos asombra la tergiversación que se hace de los artículos 9 y 14 de la Constitución para negar la consideración de la prostitución como un trabajo, cuando esos mismos artículos junto con el artículo 35 que garantiza el derecho a elegir trabajo sirven para recomendar justamente lo contrario: la necesidad de que se acabe con la discriminación que sufre este sector de trabajadoras por el hecho de ofrecer servicios de carácter sexual. La ideología discriminatoria que juzga a las mujeres en función de su comportamiento sexual sigue presente en las conclusiones de la Comisión.


  1. Nos preocupa especialmente la falta de transparencia que ha guiado los trabajos de esta Comisión, en la que ha sido imposible enterarse del contenido de las comparecencias hasta que éstas no han concluido. Así mismo, los sectores no abolicionistas que hemos comparecido no hemos sido tenidos en cuenta a la hora de las conclusiones por lo que nos sentimos utilizados para justificar una Comisión que no ha sido para nada objetiva en su trabajo.



  1. Apoyamos el voto particular que ha elevado Izquierda Unida-Iniciativa per Catalunya Verds a la mesa del Congreso de los Diputados y compartimos la filosofía en la que se sustentan los votos particulares de este grupo, de Eusko Alkartasuna y Esquerra Republicana de Catalunya.


  1. Nuestro total desacuerdo con unas Conclusiones en las que se niega el derecho de las personas adultas a ejercer la prostitución, negándoles su capacidad de consentimiento y tratándolas como sujetos menores de edad. Nos preocupa especialmente que en una sociedad democrática y plural como la nuestra, una Comisión del Congreso se deje llevar por posiciones morales particulares que sirven para justificar la negación de derechos a un sector de la población.



  1. La Plataforma por los Derechos en el Trabajo Sexual reiteramos nuestra voluntad de seguir luchando por que se garanticen los derechos de todas las personas que ejercen la prostitución. En este camino nos parece fundamental el reconocimiento de la prostitución como un trabajo que también es ejercido de manera voluntaria y el consecuente reconocimiento de derechos que se derivan de ello.



PLATAFORMA POR LOS DERECHOS EN EL TRABAJO SEXUAL

Para más información podéis poneros en contacto con:


Madrid: Iván Zalo (Fundación Triángulo) 652303939, Cristina Garaizabal (Hetaira) 646880652

Barcelona: Clarisa Velocci (Genera) 687426364, Marcela Torres 650621811, Marga Carreras (Licit) 649717153

Murcia: Sara Oñate 686501882 y Nacho Pardo 669696119 de CATS

Andalucía: Estefanía Acién (APDHA Almería) 618932518 y Inma Gala (APDHA Cádiz) 620402735



Esperando su interés y colaboración en la difusión de esta información,

se despide atentamente,


Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía

1 La Plataforma está formada por los grupos Hetaira, Cogam, Fundación Triángulo y Transexualia de Madrid, CATS de Murcia, Licit, Genera, LLoc de la Dona y Àmbit Dona de Barcelona, Col.lectiu Lambda de València y APDHA de Andalucia